LA RESPUESTA
Sublime,
ser tan sólo espectador,
sentirse un anodino transeúnte,
otra vez extranjero de tu sitio,
mirar como te miran tus distintos
con esa silenciosa gratuidad,
que te dice quien eres al mirarte
sin afirmar en dónde he puesto el pie,
y no se deja ver ni en un instante
como no puede verse ni de fundas,
que hueso es el que falta
entre el osario,
o que pequeña cosa
en el estante...
Acabando
en bajada el viejo puente
me detiene el deseo de comer,
y hago fila
como un vago cualquiera
en este viejo puesto de comidas,
pintado de colores y de olores...
Converso de verdad con los aromas
y el del lado me mira
y se sonríe,
él no sabe que he llegado justo hoy
a esa edad en que nada es como antes,
aunque muestre que todo da lo mismo,
no por más, ni por raros ostracismos,
es más bien el deseo de fluir,
de sumar mi verdad a otras verdades,
conversando a placer,
no inoportuno,
se me ve que he llegado a la estación
donde el metro esta casi vacío,
y no quiero pensar en el regreso...
Dos durmientes,
el uno contra el otro,
sin hacerlo en silencio me interrogan
desde sus sillas verdes,
qué es el ocio, cuándo llega el duelo,
Y no quiero mirar ni regresar
a ese parque del cuál ignoro el nombre,
a buscar otro poco de emoción,
pues ya sé finalmente
yo quien soy...

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